Primera biblioteca de la entonces Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo, y primera en su género en toda América Latina. Hoy es sede del Consejo Universitario. Además de las diversas adaptaciones realizadas en la ex hacienda de Chapingo para recibir a la Escuela Nacional de Agricultura durante su traslado en 1942, una de las pocas construcciones que fueron hechas especialmente para ese propósito fue su Biblioteca, primera en su género en toda América Latina.
A lo largo de los años, este espacio ha tenido diversas funciones. Originalmente y hasta la década de 1940 funcionó como biblioteca y salón de estudio. En ella se reunían los alumnos para estudiar y tomar acuerdos. En algunos periodos también se utilizó como sala de proyecciones.
Más tarde fue dormitorio de internos, coloquialmente conocido como gallinero; también fue almacén, local de la sociedad de alumnos y primera oficina de Centros Regionales.
En este espacio surgieron importantes demandas estudiantiles, como la creación del Consejo Directivo y una representación más equitativa entre los distintos sectores de la comunidad universitaria. También fue el lugar donde las y los estudiantes acordaron sumarse a las movilizaciones estudiantiles de 1967 y 1968.
A partir de la década de 1980, el edificio comenzó a deteriorarse debido a la falta de mantenimiento y a la ausencia de un programa universitario dedicado a la conservación del patrimonio histórico y artístico.
En 2005 se inició la restauración del edificio con el apoyo y la asesoría del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), a través de su Dirección de Arquitectura y del Centro Nacional de Conservación.
Y en 2006, gracias a un convenio de colaboración interinstitucional entre la Universidad Nacional Autónoma de México a través de la entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas y la Universidad Autónoma Chapingo, se incluyó la obra mural que decora sus interiores, tratándose de una generosa contribución creada por los maestros Luis Nishizawa y Alfredo Nieto, en colaboración con los maestros Homero Santamaría y Miguel Ángel Suárez.
La coordinación general del proyecto estuvo a cargo del Dr. Luis Morett Alatorre.
Pintor mexicano nacido en las inmediaciones de Cuautitlán, estado de México, de padre japonés y madre mexicana. Se formó en las artes plásticas en la Academia de San Carlos, donde desde 1955 fungió como académico hasta su muerte. Maestro emérito y Doctorado Honoris Causa por la UNAM. Premio Nacional de Artes (1996). Su obra mural forma parte de recintos públicos en la Secretaría de Educación Pública, el Centro Cultural Universitario, Suprema Corte de Justicia, entre otros.
Egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, donde desde 1990 es maestro. Doctorado en Artes Plásticas por la Universidad Politécnica de Valencia, España, ha realizado y/o participado más de medio centenar de exposiciones individuales y colectivas, tanto en México como en el extranjero, asimismo ha recibido múltiples reconocimientos por su trayectoria artística y académica. Ha contribuido al patrimonio artístico de Chapingo con el mural del Centro Cultural Ahuehuete del STAUACh, los del vestíbulo de Fitotecnia, y donó al Museo Nacional de Agricultura dos obras monumentales con que abre y cierra sus salas permanentes.
La obra está compuesta por 14 paneles pintados al fresco, dos grandes cabezales interiores elaborados sobre madera cubierta con tela, además de dos extensas cenefas ubicadas en la parte alta de los muros laterales que representan diversos diseños de origen prehispánico relacionados con los cuatro alimentos fundamentales de la tradición mesoamericana: maíz, frijol, chile y calabaza. Incluye unos medallones colocados sobre puertas y ventanas que reproducen imágenes tomadas del Códice Florentino, elaboradas por los tlacuilos (antiguos pintores y escribas indígenas) hacia 1578.
En conjunto, los siete paneles del muro izquierdo narran la evolución histórica de la agricultura en México.
La secuencia muestra cómo las sociedades originarias pasaron de la recolección y la vida nómada al surgimiento de sistemas agrícolas mesoamericanos cada vez más complejos, sustentados en el manejo del suelo, el agua y el conocimiento del entorno, como lo fueron las chinampas. Su relación espiritual y ritual con la naturaleza, y posteriormente las transformaciones impuestas durante el periodo colonial.
Representa la construcción de la identidad mexicana a partir de las raíces indígenas, el maíz, la tierra y la lucha social.
El gran mural del lado poniente presenta una visión distinta de la historia y la identidad nacional. Más que representar escenas de manera literal, los artistas construyen una gran composición simbólica que busca explicar cómo México encontró en sus raíces indígenas una identidad propia después de independizarse de España.
En el centro del mural aparece un gran círculo, símbolo de origen y unidad. Dentro de él se encuentra la máscara funeraria del gobernante de Palenque, una de las imágenes más representativas de la cultura maya. Elaborada en piedra verde, esta pieza tenía un profundo significado ritual. En las antiguas culturas mesoamericanas, el color verde se relacionaba con la fertilidad, la vida y la agricultura, elementos fundamentales para las sociedades campesinas.
A los lados del círculo aparecen dos mazorcas de maíz de las que emerge un rostro humano. Esta imagen hace referencia a una antigua idea mesoamericana: los seres humanos somos "hombres de maíz".
En los extremos del mural se incluyen imágenes arquitectónicas inspiradas en las culturas prehispánicas, recordando que el México actual se construyó a partir de la herencia de esos pueblos antiguos.
Dos grandes banderas recorren la composición y unen todos los elementos. A la izquierda, una mujer sostiene una bandera azul que se transforma en agua. Ella representa a la madre patria y también a la madre tierra, asociada con la fertilidad y el origen de la vida. Del lado derecho, otra mujer sostiene a un niño, símbolo del nacimiento de una nueva nación. Cerca de ellos, un hombre trabaja la tierra, representando el esfuerzo humano y el trabajo agrícola como base del desarrollo social.
También aparece un hombre con una bandera roja, símbolo de las luchas por la libertad y la justicia. Esta figura protege y acompaña a la madre y al niño, reforzando la idea de esperanza y futuro para el país.
En el lado izquierdo del mural se representa además el compromiso social de la antigua Escuela Nacional de Agricultura durante la Revolución Mexicana. Una mujer simboliza a la institución y a los estudiantes que participaron en las luchas revolucionarias, especialmente en el reparto agrario y la defensa de los campesinos.
Al fondo del mural se observan montañas emblemáticas del centro de México, como el Popocatépetl,
Este conjunto de paneles del muro derecho representa la evolución histórica y social de la institución, mostrando cómo la enseñanza agronómica pasó de formar profesionales al servicio de modelos agrícolas y económicos excluyentes, hacia una visión más comprometida con la justicia social, el desarrollo rural y el bienestar del país. En su recorrido se refleja la participación de estudiantes y maestros en momentos clave de transformación, como la defensa de la tierra, el traslado a Chapingo y la consolidación de una educación vinculada con la investigación, la producción agrícola y las necesidades de las comunidades rurales.
Rinde homenaje a los maestros y alumnos que, cerrada la Escuela durante el gobierno del usurpador Victoriano Huerta, se sumaron a los ejércitos campesinos de Zapata y Villa para, con teodolito y carabina al hombro, realizar deslindes y restituir tierras a los pueblos y comunidades que habían sido despojados por las haciendas.
En conjunto, la obra destaca a la Universidad como un espacio donde tradición, ciencia, innovación y compromiso social se integran para contribuir al desarrollo agrícola y nacional de México.
El cabezal final representa el origen de la vida, el conocimiento y el compromiso con el desarrollo del país. En el centro, una pareja humana representada como una pareja originaria, símbolo del inicio de la vida y la humanidad, mientras que el teocintle (considerado el antecesor del maíz) y las semillas aluden al nacimiento de la agricultura y la transformación de la naturaleza. Un zarcillo de calabaza convertido en cadena de ADN une la tradición agrícola con la ciencia moderna.
Las probetas, plántulas y gráficos de ADN destacan la importancia de la biología molecular, la conservación de los recursos fitogenéticos y el papel de la investigación científica. A los costados, hombres y mujeres trabajando en laboratorios representan la creatividad, la inteligencia y la capacidad humana para generar conocimiento incluso con recursos limitados. También subraya la importancia de la igualdad de participación en la vida académica y profesional. Asimismo, la diversidad física de los personajes simboliza la variedad de orígenes geográficos y culturales de la comunidad universitaria, reflejando la riqueza multicultural y el carácter nacional de la institución.
El mural no exalta la precariedad tecnológica. Más bien, plantea la importancia de integrar nuevas tecnologías de manera responsable y comprometida, sin dejar de valorar los espacios tradicionales de conocimiento.
Finalmente, el maíz, el fuego y los colores de la bandera nacional refuerzan la idea de identidad, conocimiento y compromiso institucional con una sociedad más justa, diversa y orientada al futuro.










